Sexo, género y sexualidad, como muchxs pensaremos, son tres parcelas de una misma realidad que pueden ser desligadas conceptualmente para su análisis, pero que están inevitablemente imbricadas, manteniendo relaciones de interdependencia. Es fácil saltar de una a otra porque son hilos de la misma red, y en consonancia con ello, volveré a tirar del hilo de un artículo anterior para trasladarnos al tema que hoy nos ocupa.

El 12 de septiembre de 2014 utilizaba el ejemplo de Andreja Pejic[1] para reflexionar, en esta misma página, acerca de cómo el género influye en la construcción de cuerpos sexuados, pese a que comúnmente pueda pensarse que la causalidad tiene una única dirección, que sería la inversa. Hoy traigo nuevos ejemplos que nos llevarán un paso más allá en el entramado cuerpos-identidades-culturas: hablo, entre otrxs, de rejuvenecimientos vaginales y alargamientos de pene.

Y es que desear y procurar la alteración de la propia dimensión corporal no atañe solo a las personas que se autositúan en el espectro trans. También quienes se piensan como cisexuales (es decir, de forma simplista y limitada, lxs no trans: aquellxs cuyos sexo y género se alinean de forma psicológica y culturalmente sintónica conforme a las correspondencias del sistema sexo-género imperante) construyen y reconstruyen su apariencia corpórea. Y las motivaciones, en uno u otro caso, no dejan de ser la aproximación a los cuerpos deseables.

La escritora Valérie Tasso dedica, en su obra El otro lado del sexo[2], un capítulo a las llamadas vaginas de diseño. Menciona en él un artículo que leyó en un suplemento Magazine de El Mundo, de hace ya una década, dedicado al doctor David Matlock[3], originario de Louisiana. Dicho médico, según Tasso, proclama que el rejuvenecimiento vaginal (que disminuye los diámetros externo e interno de la vagina, entre otros efectos) se diseñó para la mejora de la sexualidad y el aumento de la satisfacción, y se jacta de estrechar la vagina tanto como la/el paciente solicite. Cualquiera puede ver resultados en la página del citado doctor[4]. La autora expresa su acuerdo con la búsqueda de soluciones para quienes se sientan descontentxs o acomplejadxs con su genitalia, si un aumento de autoestima mejora las relaciones sexuales. Pero se pregunta por el origen de las inseguridades respecto al cuerpo, por si la satisfacción sexual de la persona que altera su vagina mejora porque sabe que así agrada más a su pareja (además de introducir un interesante paralelismo con la pedofilia y la hipocresía). Yo trataré de conectar esta duda no ya con el campo de la sexualidad, sino con el del género y el sexo.

Extraemos fácilmente que el mayor o menor agrado de nuestrxs compañerxs sexuales ante nuestro cuerpo obedece a que no todos los cuerpos son igual de deseables. Creo que puede decirse que, evidentemente, para gustos, los colores. Difícilmente encontraremos dos personas con un mismo canon de la perfección en lo que a cuerpos susceptibles de deseo se refiere. Pero, ¿es así de simple? ¿Es meramente una cuestión individual, sin que pueda detectarse ningún patrón común en la construcción de lo erótico?

Las clínicas Diego de León, por ejemplo, en la sección de Cirugía íntima femenina de su web[5], ofrecen intervenciones para la labioplastia o ninfoplastia, la himenoplastia y el estrechamiento del canal vaginal, sobre el cual mencionan:

sex2Con este procedimiento se logra reducir el diámetro del canal vaginal y se mejoran las relaciones sexuales y la seguridad en una misma […] Gracias al estrechamiento del canal vaginal, también conocido como vaginoplastia,  se logra una mejora estético-funcional de la zona íntima, para recuperar la sensibilidad perdida, aumentar la satisfacción durante el acto sexual y devolver la seguridad en un importante aspecto de su vida […] Nuestros cirujanos tienen gran experiencia en la cirugía vaginal con resultados naturales.

Siguiendo a Tasso, no seré yo quien critique a quien desee sentirse cómodx en su cuerpo, ni a las instituciones médicas que ofrecen una posibilidad para ello. Pero me pregunto, ¿realmente sentirse segurx ha de costar 2.500€, una intervención de 90 minutos, ser anestesiadx y sedadx, y una semana de recuperación? ¿Acaso no es posible sentirse sexualmente realizadx con una vagina ancha? Probablemente lo sea, pero en la página de las clínicas Diego de León no se ofertan los ensanchamientos del canal vaginal. ¿No sugiere ello que es sexualmente más placentera, o más atractiva, una vagina de reducidas dimensiones? De ser así, es difícil negar que exista un canon de lo apetecible más allá de las muchas ideaciones individuales de lo deseable. Y la cuestión excede lo meramente atractivo: este ideal corporal atañe, según parece, a la seguridad en unx mismx. La habitabilidad en los cuerpxs que disten del prototipo queda, pues, en entredicho.

En la página web de EFE Salud (plataforma especializada en temas de salud de la Agencia EFE, la primera agencia de noticias en español y cuarta del mundo, según la página) fue publicado un artículo en mayo del pasado año, explorando el alargamiento de pene[6]. En él se cita a Mariano Roselló, director del Instituto de Medicina Sexual, quien sitúa el locus del llamado síndrome del vestuario más en la cabeza que en la longitud del pene, apuntándose como posible factor de presión social el aumento del consumo de pornografía donde aparecen penes sobredimensionados, que distorsionan lo que se consideraría normal. Me interesan dos cuestiones concretas del artículo: en primer lugar, Roselló sostiene que un 15% de los hombres posee un pene de dimensiones inferiores a lo normal, por lo que un hombre puede aumentar su falo algunos centímetros, al igual que una mujer haría con sus pechos; y, en segundo lugar:

[…] Además, hay individuos “psicológicamente equilibrados” que tienen un problema de autoestima y que, tras ser analizados por un equipo de psiquiatras, pueden someterse a esta intervención estética […sex1] “Son individuos equilibrados psicológicamente y que, por lo tanto, si quieren un aumento de tamaño, no hay inconveniente. Pero cuando se trata de un individuo obsesivo, depresivo, que no tiene relaciones sexuales, que tiene miedo, ansiedad, primero lo tiene que ver el psiquiatra”, subraya [Roselló].

Podemos encontrar aquí dos cuestiones que atraviesan el razonamiento de las declaraciones del doctor: la normalidad de los cuerpos y la salud psicológica. De sus palabras se deriva que existen cuerpos normales (aunque sería más apropiado hablar de cuerpos normativos) y otros, en consecuencias, anormales, que además son cuantificables y señalables. Sin embargo, tales cuerpos orillados no han de padecer obsesión, distimias, ignorancia como destinos del deseo, temores o ansiedades… ¿Acaso no es justamente eso lo que han de sentir para que tenga sentido su pretensión de elongamiento genital? O, razonando en dirección opuesta, ¿cómo no va a experimentar tales sensaciones una persona cuyo cuerpo es apartado de la normalidad y tachado como poco deseable?

La afamada publicación científica y a veces cientifista National Geographic atribuye a la evolución, en un artículo accesible en su web[7], la supuestamente demostrada importancia del tamaño del pene. Dicho artículo se hace eco de las conclusiones de un estudio realizado por Brian Mautz, biólogo de la Universidad de Ottawa, con 105 mujeres australianas de 26 años de media. Según Mautz, que parece no ser consciente de lo arriesgado de extrapolar las respuestas de una centena de personas al resto de la humanidad, los estudios constatan que las mujeres prefieren penes grandes porque de ese modo aumenta su satisfacción sexual, de modo que el tamaño tiene efecto sobre el atractivo.

En el apartado de Cirugía genital masculina de la web de Policlínica Barcelona[8] puede leerse cómo construir un pene más largo es una opción indicada para personas dotadas de micro-pene o que aspiran a una mejora de la autoestima, ya que es una cuestión difícil de afrontar porque puede originar problemas de pareja y frustración, cuando el tamaño del pene no intervenido no completa la relación sexual con la satisfacción adecuada. Sin duda, afirmaciones que reducen la sexualidad al coitocentrismo y que se atreven a enarbolar la bandera de la satisfacción, la cual, una vez más, parece poder ser fácilmente medida y clasificada.

¿Podemos realmente creer que tales informaciones, que nos bombardean cotidianamente, no median en la conformación de nuestro deseo de querer ser cuerpos deseados, aceptados, normalizados? Opino que, junto a la innegable capacidad individual de definir la belleza, operan una serie de mecanismos que ensalzan, entre otras cuestiones, las vaginas pequeñas y los penes grandes como modelos a imitar, estableciendo así tipos-ideales de cuerpos masculinos y femeninos que, al tratar de ser alcanzados, dan cuenta de cómo la cultura nos insta a modificar nuestros cuerpos, llamémosles  cis o trans, para así aliviar el autoconcepto. Existen, pues, normas para los cuerpos disidentes y formas de crear y reproducir las máximas masculinidad y feminidad perfectas. O, dicho en palabras del sociólogo Gerard Coll-Planas[9], el género crea al sexo porque le da un significado (aceptado o marginal) y porque  los ideales de género nos conducen a modificar los cuerpos. Y, si alguien continúa dudando del influjo cultural en la delimitación de la belleza que lxs demás normalizamos, que se pregunte qué tamaño tendrían las vaginas de Las Tres Gracias de Rubens o la razón de las proporciones del miembro del David de Miguel Ángel.

Salmacis Ávila

Referencias

[1] Consultado en http://www.anthropologies.es/andreja-pejic-de-transgenero-a-mujer/, a fecha 13/10/2014.

[2] Tasso, V.: El otro lado del sexo. Ed. DeBOLS!LLO. Barcelona, 2006.

[3] Viladevall, F.: Reconstrucción genital: el cirujano plástico del sexo femenino. Magazine, suplemento dominical de El Mundo, nº 268. 14 de octubre de 2004.

[4] Consultado en http://www.drmatlock.com/LVRPhotoGallery.html, a fecha 13/10/2014.

[5] Consultado en http://www.clinicasdiegodeleon.com/tratamientos/corporales/cirugia-intima/,  a fecha 13/10/2014.

[6] Consultado en http://www.efesalud.com/noticias/del-vestuario-al-quirofano-para-alargar-el-pene-cuatro-centimetros/, a fecha 13/10/2014.

[7] Consultado en http://www.nationalgeographic.es/noticias/ciencia/salud-y-cuerpo-humano/la-evolucin-lo-demuestra-el-tamao-si-importa, a fecha 13/10/2014.

[8] Consultado en http://policlinicabarcelona.com/especialidades/cirugia-genital-masculina, a fecha 13/10/2014.

[9]Coll-Planas, G., Dibujando el género. Ed. EGALES. Barcelona, 2013.

 

Imágenes

http://www.google.es/url?sa=i&source=images&cd=&docid=JYLBhc2VLDkEqM&tbnid=JVvEHPYTts2gmM:&ved=0CAgQjRw4PA&url=http%3A%2F%2Fwww.teinteresa.es%2Fsalud%2Fenfermedades%2FAumenta-alargamiento-intervenidos-disfuncion-erectil_0_928708652.html&ei=H188VNuZAtOVaoKSgoAE&psig=AFQjCNF6QohytFB3G-cSJY2Ua_jUf5WFUA&ust=1413329055099865

http://www.google.es/url?sa=i&source=images&cd=&cad=rja&uact=8&docid=w8kiRppSnn7koM&tbnid=2YtOR7uJhPCptM:&ved=0CAgQjRw4pgE&url=http%3A%2F%2Fwww.belelu.com%2Ftag%2Foperacion%2F&ei=E2E8VNiZLI6NaLPggYAL&psig=AFQjCNFXnqXtMyzSQmLuLz6DTYQ9pgWVRA&ust=1413329555782647

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2 thoughts on “Construyendo cuerpos: penes estirados y vaginas contraídas”

  1. Una vez más, se aprecia cómo se nos insta a encajar en determinados ideales aun mutilando nuestros cuerpos y nuestras mentes… Muy buen artículo, invita a la reflexión y estoy segura de que será más que interesante para muchos.

  2. Muy interesantes tus artículos. Plantean temas que darían mucho de que hablar. La importancia de los cánones sociales y hasta qué punto nos llevan a determinar ciertas decisiones que creemos nuestras y, sin embargo, es un estándar una vez más determinado por la cultura.
    Me llamó la atención eso de «Masculinidad y Feminidad perfectas». En mi opinión, cada ser humano tenemos una parte femenina y otra masculina. Mi pregunta es: ¿Cómo potenciar nuestra parte femenina y masculina sin que ello suponga un replanteamiento de nuestra identidad? Por si te animas a escribir algo en esta línea.

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