Los senos de la mujer son la única persistencia del hombre; los coge al nacer y ya no los suelta hasta morir de viejo.

Enrique Jardiel Poncela

Es cuanto menos curioso, el nivel de importancia que el pecho femenino ha tomado en nuestros días. Todas las mujeres que conozco tienen algún tipo de preocupación en cuanto al tamaño, forma o firmeza de sus tetas. Parece que el mundo en el que vivimos nos obliga continuamente a mirar hacia abajo esperando encontrar un par de glándulas perfectas en todos sus aspectos, y cuando descubrimos que nuestro pecho no es de revista si no de persona, entramos en un bucle de preocupaciones, sujetadores y operaciones.

Me parece obvio pensar, que todo este proceso no es más que una de las muchas estrategias del sistema capitalista para hacernos consumir. ¿Alguien ha visto alguna vez a alguna mujer himba o taína gastar recursos para mejorar el aspecto de su busto? Estoy convencida de que, la imagen de un pecho perfecto, como elemento de autoestima y felicidad, no está en ninguno de los imaginarios de las sociedades que no comparten nuestro sistema de acumulación capital.

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Se podría afirmar, que el continuo engrandecimiento de los pechos es un proceso que va contra-natura. De hecho su exagerada forma dificulta su función biológica: dar de mamar. Cuando el pezón era un simple sobresaliente de un pecho plano (como es el caso de los primates), el bebe podía adaptar mejor sus labios a él, sin la dificultad que aporta, que su sustento esté pegado a una forma circular difícil de manejar y que interrumpe el camino ente la criatura y el “dispensador” de alimento.

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Pero, ¿por qué hemos desarrollado el pecho femenino en nuestra especie si supone un obstáculo para la cría de nuestra prole? La respuesta, por muy extraño que parezca, se encuentra en el bipedismo. Cuando caminábamos a 4 patas, los órganos genitales femeninos estaban a la vista entre las patas traseras, al alcance de los ojos de todo macho con las suficientes hormonas como para utilizarlo. En cambio, con la postura erguida, los órganos reproductores femeninos han quedado tan sumamente escondidos que la mayoría de las mujeres desconocen las características principales de su vagina. Ante tal ocultamiento, la naturaleza tuvo que poner en un lugar vistoso y a la altura de las manos algún tipo de reclamo sexual para el macho. La estrategia utilizada por la evolución no fue otra que la de poner un culo delantero que sobresaliera en la anatomía femenina, y que se pudiera observar de forma clara en un cara a cara. Es decir, cuando un macho y una hembra se comunican, los pechos de ella están entre ambos, solicitando atención sexual. Otra de las estrategias que mama naturaleza utilizó para guiar al hombre en su misión de procrear, fue la formación de vello púbico en forma de triángulo invertido, dónde el ángulo inferior indica el camino hacia los escondidos genitales femeninos.

busto 5Y parece que esta táctica ha tenido un éxito descontrolado en nuestra sociedad. Cuando una mujer llega a algún sitio, sus tetas llegan antes que ella (chicos, a veces merece la pena esperar a lo que llega después), y en muchos casos, se ha convertido en un factor determinante en la teoría del etiquetaje

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. Tras mucho bagaje cultural y económico, los senos se han convertido en todo un símbolo de la sexualidad, incluso del éxito en algunos casos, ¿qué habrían hecho Pamela Anderson o Yola Berrocal sin sus melones siliconados?

Sea como fuere, seguiremos viviendo en un mundo inundado de mamas, tetas, senos, pechos, lolas… de todo tipo que sólo buscan atención, ya sea la de un hombre y su libido o la de su dueña y sus ansiedades.

 

Azalí Macías

 

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