Un, dos, tres… contamos. Las vidas animales son números, cuya existencia despreciamos o ignoramos. Ignoramos, porque no queremos conocer. Pensamos que los animales no tienen voz, cuando sí la tienen.

Un perro ladra, con el rabo entre las piernas. Un mono “sonríe”, enseñando los dientes. Un caballo asiente con la cabeza, repetidamente. Un periquito se arranca las plumas. Un cerdo muerde barrotes. Los animales se comunican, y nuestra respuesta pasa por asegurar que los animales no tienen voz, con lo que nosotros, los humanos, tenemos que serlo.

Parece que, una vez más, las construcciones culturales nos hacen estar ciegos. Quizá no estamos ciegos, sino que nos aferramos al doblepensamiento. Asignamos a los animales inteligencia y sensibilidad, y después nos tapamos los ojos, pensando que no piensan y que no sienten.

Quizá no entendamos que nosotros también somos animales, sólo uno más. Quizá sea hora de cambiar, de aprender a escucharles, y parar de contar.

Bárbara Martínez-Guerín

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