Aunque es fácil caer en la tentación de creerlo, después de un primer análisis, incluso uno leve, la afirmación de que todo tiempo pasado fue mejor cae rendida a la evidencia. Pero la idea ronda nuestras cabezas, un poco porque nuestro instinto de supervivencia filtra los malos recuerdos, otro poco porque hay épicas que han muerto, luces que agonizan. Un ejemplo es la épica del periodismo, representada como por nadie por Oriana Fallaci.

La Fallaci dejó muchos moldes rotos. Fue periodista, ensayista y activista, y escribió también novela y guion cinematográfico. Fue la primera mujer enviada especial en un frente de guerra, presenció la matanza de Tlatelolco, entrevistó a Khomeini de una manera muy particular.

Oriana Fallaci nació en Florencia en 1929, la mayor de las cuatro hijas de un antifascista militante, del que claramente heredó el carácter contestatario. Oriana aun adolescente se unió al movimiento de resistencia Justizia e Libertà, contra el fascismo y la ocupación nazi de su ciudad, participando en el transporte de armas a través del rio Arno. Alguien dirá que no es el mejor antecedente para ejercer el periodismo, otro le responderé que no es lo mismo objetividad que ceguera.

Al periodismo llegó por casualidad, que es una de las armas preferidas del destino. Su tío Bruno, también periodista, la colocó en un periódico cristiano, en el que se ocupaba de secciones de segundo orden, y del que fue despedida por negarse a escribir una nota favorable a Palmiro Togliatti, secretario general del PCI.

Promediando el siglo, decidió mudarse a New York, donde escribió sobre los hechos de la farándula, al estilo Capote. De ese periodo es fruto su ensayo publicado con el titulo de I sette pecati de Hollywood.

Su siguiente libro, Il sesso inutile, un reportaje sobre la situación de la mujer en Oriente, fue su primer gran éxito, y sigue siendo un referente sobre el tema.

fallaci retrato 2Oriana Fallaci, como dijimos, fue la primera mujer enviada especial a una guerra ; trabajó como corresponsal para el periódico L’Europeo en el conflicto de Vietnam, país con el que la unió una relación intensa, al que regresó varias veces y sobre el que escribió el libro Niente e così sia, publicado en 1969.

En 1968, Oriana estaba presente en la Plaza de las tres Culturas, en México, durante una manifestación de protesta contra la intervención de la UNAM por el ejército ; una vez más la represión, que hoy se recuerda como la Matanza de Tlatelolco y de la que no se conoce el número exacto de asesinatos, una ráfaga de metralleta alcanza el cuerpo de Fallaci, que es considerada muerta y trasladada con otros cadáveres a la morgue.

En 1973 Oriana Fallaci conoció a Alekos Panagoulis, líder de la resistencia a la dictadura griega, y se convirtieron en pareja hasta la muerte de él, tres años más tarde en un sospechado accidente. A partir de su relación con Panagoulis, Oriana escribió su novela Un uomo, la publicación más difundida de su obra narrativa.

La entrevista fue su punto fuerte. Nombres fundamentales de diversas actividades se sentaron frente a Fallaci, entre otros Golda Meir  Yasser Arafat, Federico Fellini, Indira Gandhi, el Sha de Irán Mohammad Reza Pahlevi, Henry Kissinger, Deng Xiaoping, Willy Brandt, Sean Connery y el dictador libio Gaddafi. Pero la entrevista que tuvo más repercusión sin duda fue la que hizo al ayatollah Khomeini. Durante la entrevista, Oriana llamó en su cara dictador a Khomeini, y se quitó el chador que le habían obligado a colocarse para la entrevista. El dictador religioso la utilizaría como una imagen de como no deberían comportarse sus congéneres, sin mencionarla, se refería a ella como « esa mujer ».

Desde 1990 volvió a New York, luego de la publicación de su novela Insciallah, y dedicó su tiempo a la escritura de una nueva novela -una saga familiar desde 1773 hasta 1889, que duraría toda la década, y que quedaría suspendida  por el atentado del 11 de septiembre de 2001. En los artículos posteriores al atentado, Fallaci denunciaría lo que entendía como un intento de islamizar Occidente, con bases en los mandatos del Coran.

Oriana Fallaci, que había sido diagnosticada de cáncer de pulmón en los años noventa, regresó a su Florencia natal para morir, lo que sucedió el 15 de septiembre de 2006.

Luego de 77 años de vida, convicciones y trabajo, Oriana Fallaci dejó una bien nutrida obra, y un sólido ejemplo de periodismo, un estilo que bien nos haría en estos años de flaqueza moral y a menudo intelectual.

Fernando Blasco

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