El breve análisis sobre cómo el poder atraviesa las nociones de sexo, género y sexualidad en el que nos deteníamos hace unos meses[1], encuentra en nuestra cotidianidad numerosos ejemplos dignos de detenimiento y profundización. En esta ocasión, y a modo de caso especialmente ilustrativo, me propongo analizar Hermaphrodite Torso, fotografía tomada en 1999 en Londres, por Del LaGrace Volcano, fotógrafx estadounidense, que sin duda se enmarca en la corriente artística queer y utiliza como tema la intersexualidad.

Del LaGrace Volcano parece ser unx creadorx prolíficx que además se mueve por diferentes ámbitos, desde la fotografía y la escritura hasta la audiovisualidad y la performance. Para ofrecer una concisa reseña, la curiosidad me ha guidao en primer lugar a la enciclopedia libre Wikipedia, que en su artículo en inglés[2] describe a estx artista como fotógrafx, activista y performer especializadx en la masculinidad y la feminidad – y unx de lxs instigadorxs de la perversa y polimorfa teoría queer – de origen estadounidense, nacidx en California el 26 de julio de 1957, y con características físicas propias de machos y hembras. A pesar de su biología intersexual, es criadx como mujer, y con esta identidad impuesta crece y se presenta en su entorno y la esfera pública hasta la edad de treinta y siete años, cuando decide comenzar a expresarse como mujer y como hombre.

Previamente se había formado en fotografía – según el currículum vitae de la página web de Del LaGrace Volcano[3], cursó el Visual Studies Program en el Allan Hancock College de Santa Maria de 1977 a 1979 y el Photography Program en el San Francisco Art Institute de San Francisco de 1979 a 1981, ambos en los Estados Unidos, y posteriormente realizó MA Photographic Studies en la Universidad de Derby en 1992 en el Reino Unido -, así que centra su trabajo artístico en la masculinidad encarnada por mujeres, las lesbianas butch y las drag kings, los hombres transexuales, las personas intersexuales, y las identidades queer, así como en todos aquellos cuerpos mutantes, marginales y enfermos, que trata como herramientas de subversión.

Me atrevo a decir que la mayor influencia contextual en la vida de Del LaGrace Volcano, como ciudadanx estadounidense, es la eclosión del movimiento queer acaecida en su estado-nación desde mediados de la década de los años ochenta pero especialmente en los noventa – no por casualidad es en 1994 cuando decide autoafirmarse como hombre y mujer simultáneamente – y la relectura que este movimiento propone sobre el fenómeno de la intersexualidad, del que participa en primera persona. Para comprender cómo Del LaGrace Volcano encarna lo queer desde un cuerpo intersexual, puede recurrirse a la entrevista que concedió en mayo de 2009 a la publicación Parole de Queer, consultable en su web[4]:

«Defínenos: “El exterminador del género. Un terrorista del genero a tiempo parcial”. ¡Nos encanta!»

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«Un exterminador del género elimina  el concepto de género. Un terrorista del género es aquel que rechaza conformarse con las restricciones derivadas de la representación del género y que por tanto crea terror en aquellos que creen por hábito en un sistema basado en el paradigma binario del género. Sinceramente yo tampoco tengo claro que tipo soy. Paso como hombre y en la mayoría de los casos nadie sospecha que soy intersex o trans, pero eso también depende de donde te encuentres […]”

Es posible entender, pues, que Del LaGrace Volcano nació en un momento en el que su ambigüedad genital hizo a sus doctorxs y familiares asignarle una identidad, con todo lo que ello conlleva – expectativas y exigencias -, que aunque no se presuponía femenina, sí se decidió que fuese femenina. Pero tanto su cuerpo – intersexual –, como sus intereses – la fotografía y la necesidad de modelos -, como el momento – desde la mitad de los años ochenta en adelante – y el lugar – los Estados Unidos – propiciaron que contactase con el ideario y el movimiento queer, así como con las personas que lo encarnaban, a través de las cuales conocer otras posibilidades, otras identidades habitables, y otras necesidades de visibilización que trabajaría a través de su obra.

En la página web de Del LaGrace Volcano, de donde tomo la fotografía Hermaphrodite Torso, ésta es contenida en la sección Projects, subsección Classics, de modo que nuevamente todo apunta a que esta fotografía, así como las dos Jax, son consideradas por sí mismx como paradigmáticas, icónicas y definitorias de su obra. Del LaGrace Volcano, en el momento de realización de Hermaphrodite Torso, llevaba en primer lugar cinco años incorporando la masculinidad a su identidad personal para complementarla con la identidad femenina que le habían inculcado desde niña; en segundo lugar, había tenido ya momento de interactuar con el movimiento queer nacido en su país, en tercer lugar, el año en que fue tomada esta imagen fue también el de publicación de su obra sobre drag kings y mujeres que teatralizan la masculinidad, a la vez que ello le había dado ocasión de conocer a otra figura queer clave: Judith Halberstam; y en cuarto lugar, probablemente como consecuencia de todo lo anterior, Del LaGrace Volcano tendría en este momento una idea acerca de la intersexualidad que habría evolucionado enormemente desde sus primeros años. De modo que el contexto en que esta imagen fue producida, entiendo, se encontraba enormemente ligado tanto al fenómeno queer ya introducido anteriormente como al papel de la intersexualidad dentro del mismo.3

Del LaGrace Volcano experimentó en primera persona la vivencia cotidiana de gran número de personas intersexuales: nacer con una corporalidad que no se sitúa ni en el canon masculino ni tampoco en el femenino, condición que mayoritariamente se resuelve alterándola médicamente o relegándola a la negación y la invisibilización, dado que es entendida como una anomalía, una desviación, un error de la naturaleza, un tabú, y por tanto las consecuencias sociales de su revelación harían peligrar la salud psicoemocional de la persona intersexual, convertida en víctima que debe ser ayudada.

Sin embargo, Del LaGrace Volcano establece contactos con comunidades marginales en lo que refiere al sexo, el género y la sexualidad: son las disidencias sexuales, conformadas por aquellas identidades y grupalidades que no solamente difieren de la estereotipia canónica, sino que defienden y realizan apologías de la diferencia. La mayor parte de la obra de estx artista versa acerca de esta temática: la varianza y la desviación en lo que respecta a la vivencia del cuerpo, de la identidad y de la interacción afectivo-sexual. Siendo así, los temas recurrentes serán todas aquellas subjetividades que encarnen la subversión: transformistas, lesbianas, travestidxs, transexuales, transgéneros, intersexuales…

A nivel iconográfico, en Hermaphrodite Torso lxs espectadorxs se topan con una realidad inesperada: la naturaleza también crea cuerpos divergentes y no por ello deben ser censurados o ser comprendidos como discapacitados o deformes, sino que pueden y deben igualmente ser considerados y concebidos como objetos deseables que al albergar belleza pueden ser canales artísticos. La combinación de rasgos físicos masculinos y femeninos, en especial los más eróticamente marcados en nuestra cultura (pechos, genitales, vello) configuran una imagen provocadora que plantea interrogantes a quien la mira. Y lo mismo sucede con la pintura sobre el pecho, que se vuelve otro elemento de controversia: ¿evoca a un juego, insinuando cómo en una camilla de hospital lxs médicxs juegan con los cuerpos como con los de un muñeco? ¿Recuerda quizás a las líneas que trazan los cirujanos sobre lo que pretenden operar? ¿Contiene tantas cruces porque se presupone que todo es erróneo en ese cuerpo extraño? ¿Se sitúa el dibujo sobre el corazón porque el juego afecta al alma y la identidad? ¿O se ve quizás algún corazón dibujado porque lxs intersexuales también pueden desearse y amarse?

Para concluir con un análisis connotativo de la imagen Hermaphrodite Torso, me propongo realizar un ejercicio final de carácter más introspectivo, dada la importancia que atribuyo, como investigadorx, a la noción de reflexividad, que además en lo que refiere al arte adquiere una mayor relevancia. Y es que no dejo de asumir, desde el principio de este ensayo, que no solamente estoy produciendo un discurso mediante la redacción de este texto, sino que soy objeto y producto de los discursos, relatos y elementos configuradores de mi entorno y mi cultura. Pero no solamente estoy sometidx a los condicionantes estructurales de mi sociedad, sino que poseo también capacidad de agencia, posicionamiento y resistencia. Y como tal, coincido y apoyo, como Del LaGrace Volcano, la difusión del ideario queer.

Personalmente, contemplar la imagen despierta en mí emociones que califico de placenteras, dado que me permite deconstruir lo socialmente establecido, una realidad que antaño se me antojaba indiscutible pero que ante la evidencia de la transgresión se vacía de contenido. Admirando esta obra me es posible sentir nacer un mundo de posibilidades en las cuales dotar de distintos significados a los significantes que antes sólo servían para mujer o para hombre, y a su vez ello me exige replantear, con una perspectiva reflexiva, el modo en que todxs somos a la vez sujetos y objetos de los conceptos, las imágenes, las representaciones y las realidades que con ellas son designadas. Abogo por la belleza de la diversidad, por la visibilización y la reeducación social, por ampliar los horizontes. Y me encanta esta obra.

Tras todo lo anteriormente expuesto, desarrollado y analizado, establezco como primera conclusión que tanto la concepción social del sexo como la identidad subjetiva de género son constructos de origen cultural, dolorosa y violentamente sujetos a un sistema sexo-género, binario y dicotómico, excluyente y rígido, jerarquizado y afectado por el poder, sostenido por la estructura psicomédica y refrendada por el resto de la sociedad. No obstante, a través de la ruptura con el modelo canónico que contiene la fotografía que sirve de base a mi ensayo, constato que todas las personas, y de forma más destacada las personas intersexuales, se atienen y usan determinados rasgos de la dicotomía, y violan y trascienden otros, igualmente en función de intereses y necesidades. Subrayo también que gran parte de la carga transgresora de la intersexualidad procede de sus contactos e intercambios con las teorías queer, que a pesar de la diversidad de voces que contiene, considero que ataca más directamente a la raíz de las dicotomías de género. Pese a todo, queer e intersex son dos fenómenos cuya conexión ha traído consigo importantes cambios para ambxs. Se extrae de ello que el campo del sexo, el género y la sexualidad es un ámbito en constante agitación, emergencia y reivindicación. Los conceptos y las imágenes que a ellos asociamos se han transformado históricamente, de modo que, en armonía con dichas transformaciones, la realidad social y fáctica es invitada a la convulsión y abre la senda de la lucha por derechos recién gestados.

Salmacis Ávila

Referencias

[1] Consultado en http://www.anthropologies.es/poder-encarnado-carne-apoderada-carne-no-empoderada-2/, a fecha 21/05/2015.

[2] Consultado en http://en.wikipedia.org/wiki/Del_LaGrace_Volcano, a fecha 20/03/2015.

[3] Consultado en http://www.dellagracevolcano.com/cv.html, a fecha 20/03/2015.

[4] Consultado en http://paroledequeer.blogspot.com.es/2013/05/de-charla-con-del-lagrace-volcano.html, a fecha 20/03/2015.

www.dellagracevolcano.com/classics.html#9

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One thought on “Arte y disidencia, crudeza y belleza: “Hermaphrodite Torso””

  1. Pues a mí también me ha gustado mucho la obra, no conocía a Del LaGrace Volcano. Es impresionante como algo, en apariencia simple, como es una foto, invita a tantas reflexiones.

    ¡Muy buen artículo!

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