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En el siglo XX vivir en Venezuela y ser pobre era llevar una vida difícil, en estos primeros pasos del XXI ser venezolano, pobre, y no chavista era el doble de sacrificado. Pero por fin las democracias liberales de todo el mundo se han confabulado para lograr la victoria de la democracia, la libertad individual y la propiedad privada, y porque no decirlo de suculentos negocios a los que ayer no tenían acceso.

Es lógico: hay que tumbar con todas las fuerzas del progreso a los gobiernos que tratan de hostigar a los medios de comunicación, que cierran estaciones de radio no afines y que encarcelan a disidentes. Creo que logrado el «objetivo Venezuela» ahora le toca el turno a la Rusia de Putin, y veremos a los políticos occidentales con camisetas de Litvinenko y estudiando a fondo los atentados pertrechados por la inteligencia rusa para cambiar resultados electorales y provocar odio hacia los chechenos.
Dicho sea de paso no todo el mérito es del exterior, y es que Maduro ha hecho por este fin de ciclo mas que nadie (¿tendría espíritu de Gorbachov?): un tipo mas acostumbrado a conducir el metro que a grandes discursos y que está donde está y ha llegado donde ha llegado por arrimarse al árbol que mejor sombra da y no por méritos propios (y ni hablar de su formación, carisma y/o inteligencia).
Ahora en determinados lobbys se están frotando las manos y les aparece el símbolo del dolar en los ojos (colonialismo 3.1.)
Pero… ¿cuando los venezolanos podrán ser libres de elegir su propio destino?
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