El poder de la represión, la represión del poder

20 octubre, 2017

Quienes tenemos fe en la democracia creemos que cada día despertaremos con la tranquilidad de que todo lo que suceda, será siempre dentro del respeto a los valores y derechos humanos, pero cuando vemos imágenes de represión y abusos por parte de los poderes establecidos, entonces pensamos que la democracia pende siempre de un hilo y los discursos políticos sólo buscan confrontar a los ciudadanos que reclaman sus derechos.

En mi opinión no hay nada más controversial que el poder. Nos han adoctrinado para creer que elegimos grupos de poder que nos gobiernen, que nos imponen sus leyes, sus sistemas económicos, sus cánones de moda, alimentos, mercados, etc. que muchas veces, sólo benefician a esos grupos de poder y dejan en situación de vulnerabilidad a los grupos menos favorecidos, que se ven imposibilitados en cumplir con dichas imposiciones. En los llamados países desarrollados, estos grupos en situación de vulnerabilidad no representan la mayoría, más bien una minoría que sobrevive en los barrios más deprimidos de los países con mayor riqueza. Sin embargo, en los países de la periferia (los llamados “tercermundistas y subdesarrollados”) la mayoría la representan las personas que viven en situación de pobreza y desigualdad social, siendo las minorías los grupos de poder, que en ocasiones abusan, reprimen y vulneran los derechos de los menos favorecidos.

En este sentido, tal como lo expresa Lewllen (1975) “el poder se representa como una imposición vertical de las élites sobre las clases inferiores, una cuestión del monopolio estatal, del control legítimo de la violencia o de la capacidad de quienes controlan los medios de producción de hacer que otros trabajen para ellos”. (Lewllen, 1975: 157). Lo que no deja de ser una forma de “violencia estructural” (Galtung, [1969] 2003), sobre quienes representan la clase trabajadora y los que conforman las clases menos favorecidas.

Parece que esta situación sea la “normalizada” y son las clases menos favorecidas de los países de la periferia, los que sufren las mayores represiones y los mayores abusos, por parte de los grupos que ostentan el poder económico y político de estos países. Hemos asumido que la economía neoliberal— que ha hecho del mundo una aldea global, en la que el libre mercado hace que circulen empresas, los trabajadores, los productos de los mercados de los países ricos, etc., en beneficio de las multinacionales— no tome en cuenta la situación de los/as trabajadores/as, de la producción agrícola y la economía de los países donde se alojan estas multinacionales. Pero también se da el caso de abusos y represión de las clases menos favorecidas, en sociedades que ampran su poder en ideologías de izquierda.

Estos movimientos, que se suponen apoyados y enaltecidas por el pueblo (ese pueblo que ha sido abusado por años por grupos de oligarcas), también son reprimidos por grupos que, supuestamente, están en contra de los abusos de los oligarcas. sin embargo, cuando se ven en posiciones de poder continúan ejerciendo la misma represión (o peor) y abusos sobre el pueblo y las clases más deprimidas. Al mismo tiempo, esta represión es aprovechada por discursos de los neoliberales, para atacar a los mal llamados “comunistas” que coartan la libre expresión, se saltan los derechos humanos y hacen demostraciones de fuerza descomunal, sacando a sus matones vestidos de militares a arremeter sobre quienes osan manifestarse contra el poder establecido. ¿Pero acaso esto no lo hacen también los gobernantes democráticos cuando envían a sus cuerpos de seguridad a cargar contra quienes protestan en las calles?

Obviamente, la respuesta de los cuerpos de seguridad en un Estado de derechos, no suele ser con armas de fuego en su lugar, suelen usarse otros artilugios (pelotas de goma, porras, grandes chorros de agua, gas pimienta, etc.) que se suponen no ponen en peligro la integridad de los/as manifestantes. Pero la realidad es totalmente distinta a los discursos con los que estas fuerzas de seguridad (y los gobernantes que las autorizan) se justifican. Por lo general, cuando hay una muchedumbre enardecida, reclamando sus derechos con sentadas, gritos, cánticos, etc., la descarga de adrenalina se disemina de igual forma en las personas de un bando (los que se manifiestan) como del otro (los que deben contener la manifestación).

Tanto los manifestantes, como los integrantes de los cuerpos de seguridad sienten la misma descarga de adrenalina. Posiblemente en las manifestaciones de las sociedades donde se supone existe un Estado de derechos, los manifestantes (que, por lo general no llenan armas de fuego) tienen menos posibilidad de descargar su rabia e inconformidad con acciones violentas que pongan en peligro la vida de los policías. Mientras que, en el caso de los cuerpos de seguridad, estos irán acumulando toda su rabia por las represiones que posiblemente reciben de sus mandos, y por tener que hacer de contención ante una gran muchedumbre. Al final, sus descargas tendrán una mayor intensidad de violencia contra las personas que tienen más cercanas, sin tomar en cuenta la edad, si es hombre o mujer, si su situación de precariedad es similar, ni si su descarga pondrá en peligro la integridad física de esas personas. En ese momento no se toma en cuanta otra cosa que contener al grupo enfrentado, da igual las consecuencias.

También se da el caso de manifestaciones en la que los integrantes hayan acumulado tal carga de rabia y represión, que se liberen a través de acciones violentas contra la propiedad privada o pública, o directamente sobre los cuerpos de seguridad que intentan contenerles, cuyos resultados terminan siendo nefastos, produciéndose siempre la muerte de los más vulnerables.

El poder, cuando se ejerce de forma indiscriminada, sin ningún tipo de control se deshumaniza y se convierte en represión. Si no hay formación continua en materia sensibilización a quienes se les entrega un arma y la posibilidad de ejercer algún tipo de control sobre las personas, se le está dando luz verde para que descargue toda la rabia que pueda tener acumulada, sobre quienes entienda son sus enemigos o son menos propensos a defenderse. Está claro que no todos los que forman filas en los cuerpos de seguridad del Estado tienen este perfil, seguro que los hay consciente del papel que les toca asumir y se mantienen alerta siempre para no abusar del poder que se les ha otorgado, pero también los hay quienes carecen de estas cualidades.

De todas formas, reprimir de forma violenta y agresiva a un grupo de personas que protestan pacíficamente, en nombre de la legalidad y del Estado de derecho, es también una vulneración a los derechos de manifestación e integridad de los/as que se manifiestan. Negar la represión, manipularla y hasta mofarse de esta, es tan abusivo como el dictador que envía a sus matones a acallar a los protestantes. Si bien es cierto que no tendrá la misma dimensión de asesinatos a civiles, la dimensión del abuso es similar. Intentar anular a las personas en su derecho de manifestar lo que piensan, lo que desean y lo que sienten, es tan represivo, como el que anula a través de la violencia pura y dura. Lo peor es que toda esa represión queda en la memoria colectiva y ante cualquier situación que se considere injusta, muchas personas que se consideran vulneradas y abusadas intentarán salir a la calle para descargar su ira. Siempre se ha dicho que “la violencia engendra violencia”, la violencia estructural que se ejerce desde el poder, también la engendra en la población que la recibe y luego la reproduce.

Quiero dejar claro que no estoy en contra de medidas policiales ni judiciales, cuando hay que aplicarlas hay que aceptarlas, lo que sí me parece criticable es que en muchas ocasiones se antepongan medidas policiales o represivas a la ciudadanía, pudiendo siempre evitarse con medidas preventivas, de sensibilización, negociación, etc. Pero el poder, cuando no se ejerce a favor de todas los/as ciudadanos/as, no se apoya precisamente en medidas preventivas o en procesos de negociación, todo lo contrario, se apoya en la imposición, la represión y la violencia, ya sea de una forma o de otra.

El objetivo de esta reflexión no es atacar a las fuerzas de seguridad del Estado, ni a los policías en general, es más bien poner de manifiesto que, muchas veces, se ejerce el poder desde la represión y la violencia, aun siendo un Estado democrático y en ocasiones, esa represión que se ejerce desde el poder tiene unos resultados inesperados. Las personas son capaces de rebelarse ante los abusos, son capaces de pequeñas rebeliones en su cotidianidad y de grandes rebeliones, cuando ya llegan al límite. La represión del poder, terminará dando poder a quienes se les han negado derechos durante mucho tiempo. El peligro de estas rebeliones está cuando cae en manos extremistas, ya que pueden ser mucho más violentas que las que se ejerce desde el poder establecido democráticamente. La violencia extrema termina afectando a todos/as, tanto a los que están en situación de desigualdad y pobreza, como los que no. Eso lo hemos sufrido muy de cerca con los ataques terroristas.

Los extremismos no entienden de negociaciones. Ambas partes se posicionan y hay pocas posibilidades de que puedan encontrar puntos en común si no se desmontan esos posicionamientos. Cuando nos aferramos a nuestras verdades como únicas, nos ponemos una venda que no nos deja ver ni escuchar las verdades de los demás. Estancarse en una posición de poder generará situaciones de represión y violencia, que luego serán difíciles de frenar. No dejemos que los posicionamientos nos radicalicen y nos sumerjan en la insensatez y la nulidad del diálogo. La convivencia se logra desde el conocimiento mutuo, desde el respeto a la diferencia, desde el respeto a los derechos de todos y todas, sobre todo, desde la igualdad de condiciones y el equilibrio de poderes. Esto es lo que desean la mayoría de las personas y por lo que apuesta siempre la antropología.

Kattya Núñez Castillo

Referencias:

– Lewllen, T. C. (2003), Introducción a la Antropología Política. Bella Terra, S.L. Barcelona. pp. 155-179; 245-269

– Galtung, Joan. (2003). Violencia Cultural. Documentos de trabajo Guernica Gogoratuz Nº 14 (Bizkaia), pp. 1-31.

Imágenes:

https://www.freepik.es/vector-premium/multitud-pintada-a-mano_797669.htm

https://www.freepik.es/vector-gratis/ningun-vector-misericordia_550627.htm#term=violencia&page=12&position=32

https://pixabay.com/es/photos/?q=represión&hp=&image_type=&cat=&min_width=&min_height=

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