El pasado temporal “Emma” que azotó con violencia gran parte de la provincia de Cádiz dejó a la luz una serie de hallazgos que se encontraban sepultados por la arena en la playa de Cortadura. Estos restos, pertenecientes a una calzada del siglo XVII y a algunos atanores del acueducto que abastecía de agua de la sierra a Gades, han causado enorme expectación a los habitantes. Sin embargo, la dejadez en cuanto a su conservación y análisis deja al patrimonio gaditano en cierta evidencia de cara a un potencial turístico que se ve reducido por momentos.

 

Hace unas semanas fuimos testigos aquí, en la ciudad de Cádiz, de varios temporales que azotaron a casi toda la provincia y gran parte del litoral andaluz. Muchos fueron los destrozos que el “Emma” dejo a su paso. Las mareas avanzaron devorando la playa hasta incluso llegar a las zonas de tránsito y circulación del casco antiguo de la ciudad, siendo estas cortadas por las autoridades locales para mayor seguridad de los habitantes de la ciudad. Los videos y fotografías de los daños circulaban sin cesar.

Sin embargo, a las afueras de la ciudad en la extensa playa de Cortadura, un antiguo legado emergió de su sepultura de playa para mostrarse de nuevo a los gaditanos.

El incesable viento que recorría la costa, así como las interminables lluvias, regalaron una estampa ya desaparecida en la playa gaditana de Cortadura; el hallazgo de algunos atanores del acueducto de Gades que trasportaba el agua desde los manantiales del tempul, así como algunos muros de una calzada, usada entre los siglos XVI y XVII. Estos restos ya habían sido descubiertos en los años 80, pero al cubrirse y perderse en las arenas con enorme celeridad causo que no se retomara el estudio.

La semana pasada se me ofreció una oportunidad para conocer lo que queda aún de este hallazgo casi de manera fortuita, por Facebook; la red social que mueve la información de forma asombrosa. Eugenio Belgrano, un conocido investigador gaditano especializado en la espeleología, comentaba en su perfil social que había organizado un tour por la zona desenterrada para dar a conocer de forma más específica qué clase de yacimiento había vuelto a ver la luz tras las caóticas borrascas que se desencadenaron en la provincia. Los éxitos de los eventos hacen ver que gran parte de a la sociedad gaditana está concienciada con su patrimonio y el interés por aprender cosas sobre su localidad.

Los atanores hallados, forman parte del gran acueducto de Gades (uno de los más grandes de Hispania) el cual, tenia de entre 75 y 80 kilómetros de longitud y recogía el agua en el tempul de la sierra de Cabra, en Jerez de la Frontera. Esta agua llegaba a unos grandes abrevaderos que se encontraban situados a uno de los extremos de la urbe. A través del acueducto construido mediante la técnica del machihembrado, el agua pasaba por valles y montañas mediante un sistema de conductos pétreos. Una pequeñísima parte del acueducto descansa en una plaza gaditana (la cual vemos en la foto) colocada ahí en los años 80 que fue cuando se descubrió en el mismo lugar, dicho emplazamiento no posee sin ningún tipo de barrera ni cordón que posibilite un buen estado de conservación de los restos arqueológicos.

En cuanto a la calzada, pertenece a un camino que se utilizaba para llegar a la Isla de León y que quedó destruido por el maremoto que sucedió en Cádiz en 1955, afectando otras localidades como Huelva o Lisboa. Anteriormente, en 1731, ya se dio el caso de un maremoto de menores proporciones qué, al remover la playa, dejó al descubierto restos (tal como ocurrió los pasados días), que posteriormente fueron reutilizados y cuya construcción u origen no está datado actualmente. Estos restos proceden de muros o parapetos diseñados con piedra ostionera y arenisca, la que más abundaba en el litoral.

El viento, las mareas y el “poco interés” de la administración de conservar estos restos han causado que gran parte de ellos estén nuevamente sepultados por la arena de la playa.

El siguiente parapeto es imposible que sea sepultado. Su altura hace que difícilmente la arena lo cubra (y menos en los meses de calor que se aproximan) y por tanto se hace un lugar idóneo para resguardarse del viento y montar el chiringuito en la época de verano. No hay medidas de seguridad de ningún tipo que, al menos disuada, el daño que se le pueda causar a estas estructuras, declaradas obviamente por datar de hace casi tres siglos, un BIC.

¿Crees que debería de lograrse un acuerdo para que estos yacimientos tengan una mayor señalización y visibilidad para atraer así a los turistas? ¿carecen de valor patrimonial varias piedras, cuando ya en una plaza pueden encontrarse algunos de estos restos?

El patrimonio, no encerrado en museo ni iglesias se muestra así, tan natural, desgastado por los temporales y el paso del tiempo que intenta de nuevo mostrarse a la sociedad, pero, es la administración quien, en esta ocasión, no pretende darle el sitio que le corresponde en nuestra cultura sino más bien, enterrarla para no hacerse cargo de ellas. A esto se le añade también la postura incívica de algunos individuos que juegan con el arte como lienzos de grafitis, WC de mascotas o incluso, lugares de expolio para uso personal.

Nuestro pasado, de nuevo sepultado para no darle un buen futuro y eso, nos afecta a todos.

Daniel Pérez Madueño 

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