La batalla más cruenta de la guerra fría se libró en un tablero de ajedrez

10 julio, 2017

“El ajedrez es la vida”
Bobby Fischer

En ocasiones los aparatos gubernamentales se empeñan en politizar todo aquello en lo que pueden obtener beneficio. Si hablamos de la Guerra Fría este tipo de artimañas pueden convertirse en batallas colosales… y fue así como un simple match de ajedrez para elegir al campeón del mundo se convirtió en una de las mas cruentas batallas de la guerra encubierta que mantuvieron el gobierno estadounidense y el soviético.

Hay veces en que el mundo parece haberse vuelto loco, y algo así debió de pasar en 1972, fecha en la que se produjo uno de los más cruentos enfrentamientos de la guerra fría… sobre un tablero de ajedrez.

Contexto

Se suele situar el inicio de la guerra fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética en 1945, tras el fin de la II Guerra Mundial. Sin embargo en la década de los sesenta el panorama había cambiado; tanto Europa como Japón habían logrado sobreponerse a los desastres de la guerra y su renta per cápita se iba acercando cada vez más a la del estado norteamericano mientras que los países del otro lado del telón de acero comenzaban a dar muestras de estancamiento económico. Si esto no fuera suficiente, los denominados países no alineados (que pasarían a la historia reciente como tercer mundo, con sus connotaciones), conseguían establecerse como un bloque propio demostrando su fuerza de negociación (proceso que culminaría en 1973 con la crisis del petróleo). Por todo ello fue necesario gestionar un nuevo modelo de geopolítica.

La guerra en el deporte

Pero esta guerra encubierta tenía muchos frentes, y uno de ellos era en el deporte; por ejemplo se cita la final de los JJOO de 1972 (Múnich) de baloncesto como uno de los partidos más polémicos de la historia del deporte (resulta significativo que esto sucediera en el mismo año del match que a continuación se relatará). En la que se enfrentaron EEUU y la URSS, equipo que se alzó con la victoria tras un polémico final al que aún hoy día se le denomina “el robo del siglo”.

Ajedrez

Sin embargo había un deporte en que la supremacía soviética parecía incontestable: el ajedrez. A partir de la escuela creada por el campeón mundial Mijaíl Botvínnik la URSS llevaba monopolizando el puesto de campeón desde 1948 (campeonato obtenido por el mismo Botvínnik)… pero también el de subcampeón. Ninguna otra nación había osado, siquiera, disputarles el título. A esto cabe añadir que desde 1937 hasta la victoria de Botvínnik el campeón mundial había sido Alekhine un ajedrecista ruso que se había nacionalizado francés en 1927.

Estas victorias ajedrecísticas servían para que la URSS las convirtiera en propaganda a favor de su supremacía intelectual ante la decadencia de occidente y el éxito de su sistema educativo.

Un “ruso” en la suela del zapato soviético

Durante esta hegemonía comenzó a aparecer la figura de un pequeño genio de Manhattan que con 13 años había conseguido ganar al incontestable campeón de los EEUU Donald Byrne, en la que sería conocida como “la partida del siglo”. Por supuesto, estamos hablando del díscolo Bobby Fischer.

En un principio el “establishment” soviético no podía evitar verlo como “uno de los nuestros”, su formación ajedrecística era principalmente rusa; había llegado a aprender el idioma únicamente para estudiar su sistema de juego. A ello se añadía su procedencia obrera. Todo esto le sirvió para que fuera invitado a Moscú y recibido con todo tipo de honores (algo que disfrutó más su hermana que el propio ajedrecista, él solo quería jugar al ajedrez y era poco dado a este tipo de ceremonias).

Sin embargo en el torneo de candidatos de Curaçao de 1962 Fischer denunció en un polémico artículo que era imposible competir contra los soviéticos debido a que estos hacían tablas entre ellos con el fin de desbancar a los candidatos no soviéticos; el americano había quedado cuarto detrás de los tres ajedrecistas soviéticos. Así comenzaba no solo el enfrentamiento Fischer-URSS, sino que sus protestas sirvieron para que a partir de aquel momento cambiase el sistema de competición de liguilla clasificatoria a eliminatoria directa para evitar, precisamente, los pactos entre los jugadores soviéticos.

Tras esto Bobby Fischer desapareció… pero esta vez para regresar.

El torneo de candidatos de 1971 y la maquinaria soviética

El torneo que serviría para elegir al que habría de enfrentarse al vigente campeón, Boris Spassky, no pudo empezar de modo más sorprendente. Fischer endosó un 6-0 al Gran Maestro soviético Taimanov, una paliza insólita hasta la fecha y, como reconociera el propio Kasparov, algo que difícilmente pueda volver a repetirse en la élite del ajedrez.

Tras este resultado hubo una reunión en Moscú a la que fue “invitado” el derrotado, y a la que también asistieron los ajedrecistas Petrosian y Spassky (principalmente para que supieran lo que les vendría encima de repetir resultado). En ella no únicamente estaban miembros de la federación sino también altos miembros del gobierno soviético. La URSS no podía permitir semejante humillación por parte de un americano.

Tras este encuentro Taimanov, que además era un virtuoso pianista, perdió todo su prestigio y con ello todos los derechos que poseía (lo que no era cualquier cosa, pues en plena guerra fría los ajedrecistas soviéticos eran tan considerados como los futbolistas en la sociedad actual), se le embargó el sueldo (tampoco se le permitiría tocar el piano), no podría abandonar el país y la prensa comenzó a censurarle. Durante la reunión sus dos compañeros Spassky y Petrosian, no dejaron de defenderle alegando que no había jugado tan mal, simplemente Fischer era de otro planeta… El cual mientras tanto endosaba un nuevo 6-0 al danés Bent Larsen en su camino a la corona.

Los preámbulos del match

Así estaban las cosas cuando se citaron en Reikiavik Spassky y Fischer, tras ganar en la final por el torneo de candidatos a Petrosian, en 1972 para disputar el título mundial.

El match por una parte estuvo a punto de no disputarse por las exigencias del americano; la bolsa del premio, la distancia de los espectadores, la altura de las sillas, el tipo de piezas y tablero. Tanto es así que según cuentan las malas lenguas fue el secretario de Estado norteamericano el que tuvo que telefonear personalmente a Fischer para que se presentara a la primera partida del 11 de Julio.

Por otra parte tanto el gobierno americano como el soviético comenzaron a politizar la que solo debería de haber sido una serie de partidas de ajedrez, dándose la paradoja de que Spassky estaba muy lejos de ser un comunista (era el único ajedrecista de élite de la URSS que no estaba afiliado al PCUS), y la madre de Fischer era una aguerrida activista comunista (por no hablar de las entrevistas en las que se mostraría como un misógino antisemita).

En parte por las exigencias del propio Fischer, y en parte por la presión del gobierno soviético, Spassky no paraba de fumar y llegó a obsesionarse con que le envenenarían a través de la comida.

Los soviéticos no tenían todas sus esperanzas perdidas pese a que los últimos resultados del veinteañero americano asustaban; Spassky era de los pocos ajedrecistas a los que el americano nunca había logrado vencer. Sin embargo, esta vez el ajedrez desplegado por el candidato parecía mejor, incluso, de lo que había sido nunca.

La propaganda trató de mostrarles como dos encarnizados rivales, pero nada más lejos de la realidad; si bien Fischer no era una persona de trato fácil, siempre se había mostrado cercano y amistoso con Spassky (algo que ya es mucho decir, y con el que mantuvo contacto una vez finalizada la competición). Mientras que este, por su parte, era una persona afable, un “gentleman” de los que ya no quedan, que siempre trataba de iniciar una amistad con los rivales a los que se enfrentaba.

El match del siglo
El match se inició con derrota de Fischer tras llegar tarde a la primera partida y una imagen que pasaría a la historia dándose la vuelta para ver una de las cámaras de televisión que consideraba muy cercana y cuyo ruido le molestaba. Esto le llevó a protestar y pedir que fueran retiradas, algo que fue denegado y que le llevó a no presentarse a la segunda partida. 2-0 para Spassky.

La tercera partida se jugó a puerta cerrada, en un sótano. Exigencia que había salido de Fischer para disputar el tercer encuentro, algo que Spassky bien podría haber declinado pero cuya honorabilidad deportiva le llevo a aceptar en contra de la opinión de cuantos le rodeaban. Aceptación que fue calificada por muchos como “la peor decisión jamás tomada por Spassky”, pues fue a partir de ese momento cuando emergió el rodillo americano y logró vencer el match… y el título mundial.

Las anécdotas del match

Epilogo: la partida diplomática

Una vez terminado el encuentro la vida no sería un camino de rosas para ninguno de los dos contendientes. Y muchas de las trabas a las que se enfrentaron vinieron precisamente por parte de aquellos que trataron de instrumentalizarlos: sus respectivos gobiernos.

Spassky calló en el ostracismo tras la derrota y no volvió a ser el mismo jugador que había sido. Pasará a la historia por ser el tipo que perdió contra Fischer, pero lo cierto es que estamos hablando de uno de los mejores ajedrecistas del siglo XX, capaz de utilizar la profilaxis como lo hiciera Tigran Petrosian y la magia en el medio juego como Mijail Tahl. Unos años después se nacionalizaría francés.

Fischer sencillamente desapareció para no volver a aparecer hasta veinte años después precisamente para jugar en la extinta Yugoslavia un match de exhibición contra Spassky rememorando aquel que habían disputado en Islandia. En 1994 sería detenido en el aeropuerto de Tokio después de que el gobierno de Estados Unidos hubiera anulado su pasaporte. Esto le llevaría a permanecer ocho meses preso hasta que Islandia le concedió la nacionalidad precisamente por el sentimentalismo de aquel match, lugar en el que finalmente moriría en 2008.

En una entrevista reciente preguntaron a Spassky si había acudido al funeral de Fischer y este respondió que le fue imposible pese a que el difunto había dejado escrito su deseo de que asistiera al sepelio, pero que en cuanto tuvo ocasión fue a Reikiavik para poner flores sobre su tumba.

Rubén Blasco

Imágenes

ajedrez12.com

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