La barrita de pan

16 octubre, 2017

Sentado frente al pc me dispongo a embarcarme en una nueva aventura. Mis colegas de Anthropologies me han dicho que si me apetecía colaborar este número en la sección “cajón desastre” y yo, pobre iluso que me creo capaz de todo, he aceptado encantado. Y aquí estoy, con el Word abierto (la versión del 2007, a lo cutre) enfrentándome a  una de las cosas que más asustan a un escritor (me he auto denominado escritor, perdón a todos los que si lo sois de verdad), la temida página en blanco.

Muchos temas sobre los que escribir aquí han dado vueltas por mi cabeza, pero los muy cabrones llegaban, se pavoneaban para que les pusiera atención y cuando la tenían, me hacían un corte de mangas como diciéndome “ni lo sueñes chaval”.  El feminismo, el machismo, el independentismo, el  fascismo….tantos ismos dando vueltas en mi cabeza que lo único que han provocado es un se-ismo (empiezo a estar inspirado, ¿no?) que me ha dejado en blanco.

He pensado en comunicar a mis compañeros de la web, vía WhatsApp eso sí, a lo cobarde, que renunciaba al encargo por alguna razón que me iba a inventar sobre la marcha, pero cuando me disponía a hacerlo, de repente me ha venido la inspiración. Hoy, en estas maravillosas expáginas en blanco, me dispongo a hablar, con mucho respeto y algo de fanatismo, del Señor Javier Ibarra.

Y bien, ahora es cuando pensaréis, “pero maldito cabrón, ¿qué tendrá que ver toda la chapa que nos hemos comido con ese tal Señor Ibarra?” (hasta los que conocéis su alter ego tal vez no sepáis su verdadero nombre). Pues ahí está la cosa amigos, antes de tirar la toalla y de inventarme una patética excusa para no ocuparme de este encargo (perdón compis, os la iba a jugar, pero prometo no hacerlo casi nunca más), he pensado en algo que he escuchado decir al Señor Ibarra en sus conciertos, “curra en lo que te gusta, esfuérzate y especialízate, si haces barras de pan no pares de hacerlas, ponte el reto de hacerlas cada día mejor, trabaja en ello y supérate día a día”.  Pues bien amigos, esto son mis barras de pan.

Estas pequeñas incursiones en materias que no son las mías, si es que hay alguna que pueda ser mía ya de por sí, que no lo tengo claro, son las que necesito para crecer, para especializarme y para seguir aprendiendo y superándome. Por todo esto, hoy, delante de mi ruidoso pc, me dispongo a escribir algo que espero que esté a la altura del personaje sobre el que os voy a hablar. Señor Javier Ibarra o lo que es lo mismo, KASE O, con mucho respeto y admiración le digo, esto va por usted.

Después de esta chapa y de dejar bien clarito lo grupie que soy de Kase O, quiero aclarar que no voy a hablar de su carrera musical citando entrevistas que haya dado, datos, fechas, cifras ni nada por el estilo. Hoy voy a hablar de sentimiento y de arte. Dos cosas que en principio siempre deberían ir unidas, pero que en esta época tan extraña que nos ha tocado vivir…. ya no lo están.

Mi traicionera memoria me hace pensar cuando escribo estas líneas, en el último disco en solitario de Kase O “El círculo”, pero para ser justos tengo que decir, que este derroche de talento, sentimiento y arte con el que nos deleita el Sr. Ibarra viene de lejos. Ya en sus primeras maquetas cuando era un imberbe baturro que escupía rimas encerrado en la ducha derrochaba talento y energía, cosa que con el tiempo fue perfeccionando hasta el día de hoy. El círculo es la punta del iceberg, pero detrás hay una carrera en la que cada rima que Kase O ha escrito, vale su peso en oro.

Dicho esto, lo que vengo a reseñar y a prácticamente venerar, es la forma tan especial y sincera de transmitir con su música que posee este hombre. Es cierto que la base del rap siempre ha sido escribir de corazón cosas que de verdad se sienten y se viven, pero con el tiempo, muchos factores externos como la industria, la moda, el consumo, etc, han hecho que los artistas tiren de cualquier cosa para conseguir una letra medio apañada que grabar deprisa y corriendo y que subir a youtube con su correspondiente vídeo con la mayor asiduidad posible. En mitad de todo este fast food musical, podemos encontrar a Kase O, con su sonrisa de baturro y su cara de bueno, hablándonos en sus letras de su presente, pasado y futuro a corazón abierto sin prisa, pero sin pausa.

En la cultura de la sociedad líquida, de la inmediatez, de los tweets de hasta ahora 140 caracteres para resumir una idea y del despacito; el rap de calidad ha decidido seguir desmarcándose valientemente del sistema. Por supuesto también han aparecido algunos que quieren seguir la moda y ajustarse a los estándares capitalistas de la música actual, pero gracias a Zeus y a la Pilarica, aún podemos seguir escuchando temas de bases complejas musicalmente y letras para reflexionar, que nos recuerdan lo importante del trabajo duro y continuado. Quizá resida en ello la clave de su éxito y de su fracaso que lo hace tan especial.

Cierto es que Kase O, después de su extensa carrera con Doble V, ha conseguido algo que muchos no logran, que es vivir de la música y también es cierto que esto, da más pie a que alguien pueda escribir con menos presión y con más calma. Pero tengo que dejar claro, que ha llegado a vivir de esto a base de talento, esfuerzo y dedicación (¿os acordáis de las barras de pan?) por lo que se ha ganado a pulso que su proceso creativo esté a la altura de lo que él necesita y merece.

Dejando a un lado todo esto, que me enrollo más que una persiana, lo que os quiero comentar en esta barrita de pan que os estoy preparando, es lo que ha logrado transmitir Kase O a la gente que le escucha, sobre todo en sus directos. No conozco a nadie que escuchando Kase O, no sienta además de afinidad musical, cierta conexión mística con lo que el de Zaragoza narra. Esto amigos, es talento y es ARTE, así en mayúsculas. Es algo con lo que se nace y con lo que se vive, una cosa innata que te hace llegar a la gente de forma directa y sincera. El Sr. Ibarra es un maestro en eso y tengo que decir que aunque mucha parte le venga desde la mismísima cuna, mucha otra la trabaja como un cabrón.

El que ha estado en sus conciertos sabe que son mucho más que eso, son una ceremonia, un ritual, son un momento en el que nada importa, solo el sentir la música y vivir el momento. Eso es lo que hace que yo esté hablando aquí de Kase O, que me haya acordado de él y de sus barras de pan y que haga que de vez en cuando, me siente en el pc a escribir, porque es lo que debo hacer. El haber estado en varios de sus conciertos me hace sentirme mejor conmigo mismo y eso, es acojonante.

Hemos llegado al punto en el que muchos me diréis que eso me pasa a mí que le adoro y que soy un flipado, pero amigos, esto que os cuento no es algo que me pase a mí y me atreva a contar aquí como verdad absoluta, es algo que se sabe y que te puede decir prácticamente cualquier persona que haya asistido a alguna ceremonia oficiada por este mesías con cara de baturro y pintas de MC. Esa es la magia del Sr. Ibarra, que hace que todo el que le escucha y le vive en un directo, piense y sienta en una misma dirección.

No desmerezco en este texto la majestuosidad de sus letras, escuchadas en disco o incluso leídas en cualquier papel, pero ensalzo totalmente la capacidad de transmitir que posee.
Lo más curioso de todo esto, es que Kase O, haciendo de tripas corazón y mostrándonos lo peor de él, nos ha contado en su último disco que ha pasado una temporada muy jodida en la que no se quería absolutamente nada y por ende, apenas podía querer como se merecen a los demás y creo que precisamente por esto, por haber tocado el infierno con las yemas de los dedos y contarlo con tantísima valentía (en una canción que me pone la piel de gallina cada vez que la escucho) es por lo que ahora puede hablar de forma más sincera y abierta de lo que ha aprendido en el proceso. Si fuera cualquier otro artista el que nos contase todo esto, tal vez no lo creeríamos o no seguiríamos tanto las cosas que dice, pero siendo Kase O (y ahí está su don) no nos queda otra que recibir con los ojos llenos de lágrimas y el corazón abierto que nos cuente su visión de la vida y nos de sus mejores y sinceros consejos.

Lo que vengo a decir en estas líneas, aparte de lo evidente, que es vanagloriar al Sr. Ibarra, es que esto, todavía se puede hacer.  SÍ amigos, un mañico con cara de bueno y más tímido que el copón, nos sigue enseñando día a día, que la música, como cualquier arte, con sentimiento y pasión, sabe mejor. Por esto Kase O consigue lo que consigue, porque no piensa en el dinero, en la repercusión, en el que dirán, etc. Kase O no piensa, actúa. Saca lo que tiene y lo entrega como le sale, con sus mejores palabras y formas claro, pero crudo y directo y por eso, consigue lo que consigue y es lo que és, un profeta.

Desde aquí y siendo consciente de que seguramente no me lea, quiero agradecerle que siga haciendo música (y sobre todo rap) directo del corazón al papel y quiero decirle, que hasta que él decida dejarlo, yo seguiré yendo a sus ceremonias a sentirme hermanado con el de al lado y a salir de allí más suave que un guante y a vosotros amigos, os recomiendo que si no lo habéis escuchado nunca, cuando hayáis olvidado este artículo y no tengáis tanto “hype” le deis una oportunidad y si conectáis mínimamente con sus letras, id a verle porque no os va a defraudar.
Aquí tenéis un compañero con el que acudir a la ceremonia y con el que daros un abrazo cuando el Sr. Ibarra diga que hay que darse más amor e instintivamente te salga besar y abrazar al de al lado.

Un abrazo y espero que os haya gustado este pan. Prometo ir equilibrando las proporciones de levadura, talento, harina, vocabulario, agua, pasión y sal.

Gracias por todo Kase, nos vemos en tu próxima “misa”.

Juanma Vázquez

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